lunes, 22 de agosto de 2011

JORNADA MUNDIAL DE LA JUVENTUD MADRID 2011


Desde que en 1986, y por iniciativa de Juan PabloII, se pusiera en marcha la "jornada mundial de la juventud", han sido ocasiones inmejorables para la consecución de importantes objetivos, que aunque en principio involucraran principalmente a la pastoral de la juventud, se hicieron extensivas a la practica totalidad de la Iglesia en una acusada función evangelizadora.
Y Benedicto XVI, continuador de esta iniciativa de Juan Pablo II, la ha impregnado de su particular carisma, haciendo llegar al mundo cristiano un mensaje sapiencial y especialmente luminoso, una teología a la vez profunda y cercana.
Además de la finalidad propia de la pastoral de la juventud, como es colocar a Cristo en el centro de la vida y la fe de los jóvenes, hay tres frutos nucleares que propician estas jornadas; La evangelización, la comunión eclesial y la renovación y compromiso de los jóvenes para ser auténticos "apóstoles" y "misioneros" en el mundo.
Dentro del clima laicista de estos tiempos, el primer mensaje claro de Benedicto a los jóvenes fue: "No os avergonzeis del Señor". Teológicamente entroncada con la frase de Juan Pablo "No tengais miedo", apunta al núcleo mismo del problema que acecha actualmente a la Iglesia dentro de la sociedad, esto es, el arrinconamiento y menosprecio de la fe y la visión cristiana de la vida en contraposición a dudosos valores de laicidad y falsa libertad individual, a la minoria en la que nos quieren convertir, y en la seducciones con las que el consumismo y el modernismo pretende emocionalmente mermar la fe y la disposición de la juventud a misionar mediante el Evangelio de Jesús como estandarte espiritual y vivencial.
Habló asi mismo de la economía, dejando claro que "la economía no debe ser el centro del hombre, si no éste el centro de la economía".
Nos instó a comprender que no es posible el verdadero seguimiento de Jesús fuera de la Iglesia, creando una especie de "religión a la carta", como exhortó a los sacerdotes a "no dejarse intimidar por un entorno que pretende excluir a Dios".
EL Santo Pontífice se marchó, dejando la impronta de un carisma teologal no exento de humildad y una poderosa confianza en esos jóvenes, que son llamados a ser las "piedras vivas" que en un futuro más o menos inmediato, deberán conformar en la vanguardia del "edificio humano" de la Iglesia de Cristo.